Ningún equipo de seguridad, sin importar su tamaño, puede revisar manualmente todo lo que sus propias herramientas detectan
La señal
Especialistas en ciberseguridad de Cisco Talos describen una tensión que llaman “la paradoja del cazador”: la cantidad de datos que genera la detección de amenazas ya supera lo que cualquier equipo humano puede revisar, sin importar cuántas personas lo integren, y los ataques automatizados operan a una velocidad que los defensores humanos no alcanzan.
El supuesto que se rompe
El supuesto es que un analista humano puede revisar y validar cada alerta relevante que genera la infraestructura de seguridad de la organización. Ese supuesto deja de sostenerse cuando el volumen de datos crece cada año y los ataques ya operan a velocidad casi automática. La inteligencia artificial puede ayudar a cubrir ese volumen, pero tiene sus propios límites: no cuestiona por sí sola si la información con la que trabaja fue manipulada para engañarla, y necesita el mismo control de accesos y auditoría que se le daría a un empleado con privilegios elevados.
Qué observar
Qué porcentaje de la detección de amenazas de la organización ya depende de herramientas automatizadas o de inteligencia artificial, qué supervisión humana existe sobre las decisiones que esas herramientas toman por su cuenta, y qué accesos y privilegios tienen esas herramientas dentro de la red.